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En las fases de incultura, el juego gira alrededor del balón;
en las de cultura, el balón gira en torno al juego.

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La deszonalización

En la fase de la formación WM, los jugadores atacantes eran presionados cada vez más por su contrincante en las zonas que ocupaban. Al no tener estratégicamente opción de ataque con esta formación, empezaron a rebelarse, primero tímidamente separándose de su par. Por ejemplo, en el Real Madrid Gento y en la selección argentina Lacambra se retrasaron, alejándose del defensa central derecho el primero y del defensa central el último. Los defensas podían optar por seguirlos o esperarlos, pues ninguno de los dos había salido de su zona y solamente se habían procurado espacio para controlar el balón y maniobrar con mayor soltura. Al seguirlos se llamó marcaje al hombre; al esperarlos, defensa por zonas.
    Paulatinamente, llegó la deszonalización: los atacantes salían de sus zonas. Estas salidas tuvieron dos manifestaciones: la horizontal y la vertical. La horizontal era una permuta de puestos, que estratégicamente dejaba las cosas como antes. La vertical tiene lugar cuando el que habitualmente juega en un puesto retrasado (por ejemplo el defensa lateral) se adelanta sin el balón cuando éste se encuentra en poder de su bando.

La selección brasileña de 1958
La deszonalización vertical fue el gran descubrimiento que se hizo a finales de los años 1950. Ya no valía el esperar al contrario en la zona pues, irremediablemente, algún defensa se habría de ocupar de más de un contrario en su zona. La selección brasileña que ganó el campeonato del mundo en 1958 fue su gran ejemplo.

La deszonalización fracasó totalmente porque tanto defensas como atacantes no supieron definir los métodos estratégicos adecuados para el sistema moderno. Los defensas creyeron que marcar al hombre era seguirlo a todas partes para no dejarle jugar el balón. Los atacantes creyeron que desmarcarse era colocarse en un espacio libre de contrarios. Ambas actividades suponían un innecesario aumento de los desplazamientos y provocaron una inflación de futbolistas de corte atlético. Ante este desconcierto estratégico, se recayó en los resabios zonales.

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